La soledad es un problema de uno mismo, independientemente de sí vives solo o acompañado, de sí tienes hijos o no.
Tiene que ver mucho con la tozudez y la inadaptación. Tendemos a la incomunicación y nos aislamos. Con la edad somos incapaces de bajar el listón. Tenemos demasiadas normas y principios. Juzgamos a los demás y no escuchamos, el mundo se vuelve cerrado para nosotros.
Todos estamos conectados, con pequeños hilos invisibles, solo tenemos que querer para poder sentirnos unidos al prójimo. Si no cortamos esos hilos, si sentimos empatía cuando hablamos con el vecino y no juzgamos sus acciones, si salimos de dentro del caparazón de tortuga seremos más felices y daremos felicidad a los demás.
Fíjate en los niños del parque y aprende, juegan y se hablan sin conocerse, da igual si llevan ropas bonitas, sin son de distinto color, e incluso se las apañan cuando hablan distinto idioma, su alma está vacía de las cosas malas que nosotros nos imaginamos o inventamos.
Sal a la calle y comprueba cuantos hay como tu, infinitos, somos únicos pero no en este sentido.















