El planeta se cura solo. Nuestra especie se encarga de poner zancadillas a la naturaleza, pero ella se basta para devolverlas por triplicado.
Quizás eso es lo que esta pasando con el tiempo. Si provocamos la sequía con nuestra forma de administrar el agua, ella nos la envía en forma de inundaciones, provoca terremotos en lugares donde el hombre se empeña en vivir. Ciclones que atemorizan nuestro corazón.
No tiene piedad y hace lo que tiene que hacer, demostrando su supremacía ante nosotros.
Tenemos que cuidar el planeta, si no lo hará el mismo, sin miramientos. La solución no es subir la luz o reciclar la basura, no si el dinero se queda en empresas privadas para llenar los bolsillos de unos cuantos, si no se invierte en hacer desaparecer todo lo que es nocivo para el medio ambiente.
Estamos dispuestos a hacer el esfuerzo, pero solo a nuestra costa no, las empresas deben de hacer un mayor esfuerzo e ir suprimiendo todo lo toxico, los gobiernos deben de invertir en investigaciones que nos lleven a aprovechar recursos, haciendo sencillo para nosotros lo que ahora es complicado. Se nos exige ahorrar pero no se nos dan los medios.
Cuando realmente el protocolo de Kyoto se cumpla, cuando las cumbres para el medio ambiente sean realmente algo que no solo sirva para que políticos hagan una fiesta y los planes sean de caducidad a seis meses, si, como los yogures, hay que comerlos pronto, si no, no sirven. Hasta entonces el mismo planeta desarrollará sus propios planes de mejora del ambiente.

Mirando con mis ojos neófitos de Maruja. Ahora con tiempo para pensar con calma y analizar el panorama en España, no voy a caer en lo mismo que hacen los “expertos” que acuden a los distintos canales de televisión, en medir quien la tiene más larga, Zapatero o Rajoy.













