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Temblores me cogen solo de pensarlo, se acerca navidad.
Una vez el año pasado, me preguntó mi hijo mediano, mami, ¿que te gustaría hacer esta navidad?
me quede pensando como le contestaba, lo que de verdad pensaba? disimulaba alegría navideña tipo el corte ingles?
en cuestión de segundos mi cara afloro una sonrisa me gire y continué haciendo la comida, mientras meditaba…..
Navidad, hacer?
Lo que me gustaría es desaparecer, subirme a un refugio de altisima montaña en mis amados pirineos, sin un alma a 60 km a la redonda, todo cubierto de nieve, aislado con una buena chimenea, mi Dafna delante de ella y mi Sasha el regazo mi marido en su butaca y mis hijos jugando en la nieve.
No ver a nadie, no comprar nada, no ver un centro comercial, abarrotado de gente con paquetes y niños rojos como tomates con las rabietas esas que pillan cuando no se salen con la suya, tener que fingir alegría, paz, amor porque esta mandado por el espíritu navideño, dejar de ver señores gordos rojos con barbas postizas, y la dichosa campanita con su hoo hoo hoo.Comprar comida como una posesa, hacer los calendarios para coincidir con la numerosa familia y los enojos de rigor, las cosas que te olvidas y que tienes que ir a toda leche a comprar, los cabreos para aparcar, para meter tanto bulto en el coche, las prisas. pegarte una jartá de horas en la cocina.
Pero claro, estamos inmersos y no podemos dejar de hacer esas cosas, y aunque cada vez nos cuesta mas el llevarlo acabo, solo los niños nos arrastran, para ellos es un tiempo de relax, de estar en familia, y sobretodo de regalos.
Y mientras transcurren los días y se acercan las fatídicas fechas, nos vamos sumergiendo en la vorágine, nos vamos impregnando de ellos, los niños, y recordamos como éramos nosotros a su edad y que merecen vivir esa ilusión, y cedemos, crecen y nos amplían la familia, y dejamos aparcado el deseo de escapar a las montañas.
Pero vuelve al próximo año inexorablemente como vuelve la navidad.