Nos acercamos a la noche más mágica del año, cuando los niños buenos (y los malos, por mucho que amenacemos, tienen que ser muy malos para que no les traigan algún regalito).

Los reyes magos ya se acercan con sus camellos cargados, guiados por esos pajes que no dejan de mirar a la estrella de oriente, no quieren perderse por el camino.

Con el tiempo se le han añadido muchos personajes nuevos pero ellos siguen siendo los protagonistas de la historia.

Van dejando tras de si una estela de magia que lo cubre todo. Dejan alegría por donde pasan y nos hacen disfrutar a grandes y a pequeños.

La noche ya empieza bien con esa lluvia de caramelos, y las carrozas que salen de los cuentos y se pasean por las calles repletas de gente. Y en casa más tarde se disfruta del tradicional roscón, que acaba lleno de cortes, todos quieren llevarse la suerte y buscan con tesón las diminutas figuritas dentro del abultado dulce.

Los zapatos son limpiados con la habilidad de esas pequeñas manos, y acaban brillando, y falta el resopón, que sus majestades tienen que cargar las pilas, les queda mucho trabajo por delante.

Y en esa noche los sueños son dulces, nosotros soñaremos con la cara de nuestros hijos cuando abran sus regalos y ellos con un mundo lleno de fantasía y color, donde los juguetes están por todos lados.

¡ojalá que ningún niño se quede sin regalo la mañana más bonita del año!

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