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No se que me pasa en el Corte Ingles que me encuentro fuera de lugar. Entro muy convencida por la puerta pero dentro mi personalidad cambia.
Serán las luces que me aducen o sus colores vistosos, el caso es que mi intención es comprar algo, no se que, da igual, después del bombardeo publicitario las rebajas siempre son del Corte Inglés, lo dicen bien claro todos los años.
El caso es que observo bien todo con minuciosidad, y al cabo de unos minutos es cuando empiezo a cambiar, ¡uf que caro!¡y eso que están de rebajas!¡con lo que vale este abrigo tengo para el seguro del coche! o como dice mi suegra cuando alguien se equivoca y le cobra algo indebido ¡con eso tengo yo para los desayunos!.
Sigamos que me extravío, ya me he pateado todas la plantas y divertido bajando y subiendo escaleras y por fin veo algo realmente barato, esa camiseta me llama a gritos, es mía, de esas megaguay que se ponen las superfamosas cuando van de normales por la calle, voy corriendo y la atrapo como si se fuera a escapar, puede que desaparezca en el aire antes.
Y en el probador, la verdad que puesta no me queda tan glamurosa, se asoman un poco las mollas por los lados, pero bueno como pienso adelgazar unos 10 Kg. me la llevo.

Y cuando voy a pagarla es cuando me siento fuera de lugar, porque la vendedora te mira de arriba a abajo, ¡si ya se que mis zapatos están un poco pasados de moda!, los zapatos siempre me delatan, y es que se sabe mucho de la economía de una persona por sus zapatos, y también por sus manos. Me siento escrutada por sus ojos e imagino lo que estará pensando… si tía esta camiseta te la llevas por que está rebajada, sino ¿de que?. Aunque siempre es todo imaginación mía, porque después de un rato me mira y con una sonrisa deslumbrante me dice, GRACIAS, que tenga usted un buen día.