dosestilos.jpgHa llegado la primavera, aunque no nos hemos enterado, ya está aquí…, ya llego…, ¡¡ah que miedo!!, esos michelines que me cuelgan a los lados, como morcillas delatoras de lo bien que he comido este invierno.
Me miro al espejo y me imagino con el bikini, que horror, mejor me pongo a hacer deporte si quiero que suba lo que tiene que estar arriba.
Me pongo mi chándal y zapatillas y me voy a correr, saludaré a las compañeras de todos los años, -hola ¿que tal?, ¿cuánto tiempo?- Si ya ves que no me caben los vaqueros, lo de siempre. Son grandes sufridoras, como yo.
Luego vendrá lo de la dieta, que me está entrando una congoja, las primeras semanas se llevan bien, porque pierdes tanto liquido que los kilos van bajando, que te entra una alegría. Pero cuando llevas más de dos semanas con la misma dieta, odias la verdura y estas deseando echarle mano a esa barra de pan, que te la comerías enterita, como si fuera el más exquisito de los manjares.
Después de estar así semanas, dándole a las zapatillas, y comiendo zanahorias, miras a tu chico y con esos pantalones que en el anuncio de los Special Kellogs no le entran a esa chica que ya me gustaría estar la mitad de delgada que ella, le preguntas -¿Cariño que tal estoy?, y el te contesta comiéndose ese bocadillo de chorizo, y a ti se te cae la baba al verlo, -Tas bien