Ya se acercan las vacaciones, ¡que bien!¡que bien!… ¿o no?.
Ese prometido descanso, el sol, el mar, la playa…., El viajecito, la tía guarra esa quitándome el sitio con la toalla después de haberme levantado a las ocho de la mañana, los niños que se meten tan adentro que parecen pulguitas y mi marido, -mira Ana, que no los veo, ¿los ves tu?-, y yo desde la toalla toda untadita en aceite -déjalos que se ahoguen y aprendan.

El sol, que bonito, toda la arena brillante, y como quema la jodia, todos como faquires andando sobre ella como si fuera la cama esa con puntas de cuchillos.

Luego llega la hora de comer y el no saber donde sentar el culo, -en este Ana que tiene buena pinta-, y tan buena, fíjate en el número de tres cifras que va delante del €. Luego ¿donde comes con tres niños?, si el sitio está bien y es barato, palabras antónimas en este caso, significa que el espacio para comer va a ser tan escaso que a un descuido acabaré pinchándome el ojo con el tenedor y tendrán que despegarme los brazos con disolvente.
Y cuando encuentras uno que le gusta a todos, tienes tanta hambre que te da igual comer esos calamares fritos, las patatas frías, y el filete que te han puesto, que un Carpaccio de foie y mango caramelizados al jerez Pedro Ximenez.

Todo iría bien si no vieras a tu media naranja mirando a todos lados y volviendo la cabeza y tu rezando por lo bajo-que se de contra el poste de la red del boley playa-, que se le van los ojos detrás de los bikinis o más bien de los cuerpos que hay debajo, y claro te comparas y sales perdiendo, que tu ya llevas el bañador negro que disimula tu no tan estilizada figura, que no vas a lucir las estrías que demuestran bien a las claras que eres la mama de esos piltrafillas que están enterrando a la pequeña, -¡no arena en la boca no!, ves ya la habéis hecho llorar-.

Menos mal que luego llega la noche y le quedas los niños a la suegra, que también vino en el equipaje, y sales de juerga y estas tan perdida que no sabes ni que ponerte, no encajas en ningún sitio, ni con los yogurines ni con los mayores, y acabas dando un paseo frente al mar y ves que solo el hecho de estar delante de esa inmensidad de agua, ese cosquilleo en tus pies, recuerdas la cara de tu hija mirando atónita tanta belleza y piensas, ¡mereció la peana venir hasta aquí!.
¡FELICES PRÓXIMAS VACACIONES, QUE OS SEA LEVE…!

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