Para contaros la vuelta a la realidad de mi vida, he decidido hacerlo con humor. Con una anécdota real.Reconocéis esa situación donde sabéis que esta mal reíros, pero la visión es tan cómica que no podéis contener las ganas. Pues esto es lo que me ocurrió en mi viaje de vuelta.
Como somos muchos miembros en la familia no cabemos en el coche, ya que la sillita de sentarse de la niña se come todo el espacio de atrás, así que yo decidí ir en autocar que están muy bien equipados y se viaja cómodamente.
Al llegar a una de las estaciones paramos a comer y yo con mi sándwich me fui a sentar al lado de una señora un poco peculiar, la típica señora de pueblo, con su faldita a la rodilla y su blusita de flores. Estaba entradita en carnes, muy sonriente la mujer, así que pensé que allí al lado de ella se estaría bien.
Cuando estaba a la mitad de mi comida, ya sabéis ahí, disimulando mis mordiscos al bocata, la señora saco un rollo de papel de cocina bien grande, el cual se le desperdigó por el suelo, pues no se si es que había pendiente, el susodicho rollo empezó a rodar por toda la estación, abriéndose y desperdigando todo el papel, como en el anuncio del Scotex, solo que en vez de que un hermoso cachorro de labrador la que corría detrás del rollo era esa rechoncha mujer con muy mal acierto.
Yo no podía comer ya que era como cuando ves un sketch en televisión de cruz y raya, tampoco podía reírme porque vía el bochorno que estaba pasando, así que me contuve como pude y seguí a lo mío disimulando como si no hubiera pasando nada, aunque cada vez que iba a beber veía en la mesita el rollo de papel hecho una piltrafa.
Si pensáis que esa mujer lo pasó mal en ese momento, pensareis que mejor que se hubiera quedado en la cama ese día, ya que después de unos escasos cinco minutos de sacar yo el zumo de frutas que completaba a mi comida, ella saco su postre, metió la mano en una gran bolso de playa que llevaba y tiro de una caja de cereales, de esos de ositos de chocolate, y tiro con tal fuerza, que todos se desparramaron, saliendo disparado como si fueran los chorros de una fuente.
Los ositos salieron volando, llenando todo el suelo de cereales alrededor de ella, la faldita que llevaba inundada de chocolaositos, entonces llego su marido que hasta el momento no había aparecido y entre los dos empujándolos, intentando esconder la evidencia. La silla estaba rodeada de lo que parecía una piscina de osos. La pobre mujer estaba roja como un tomate, pero yo no podía más y no pude acabar el zumo, conteniendo una risa que es imposible de contener.
Los culpables:






2 usuarios han comentado en " Viaje Aciago "
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JAJAJAJAJAJA
la verdad es que yo también soy muy patosilla jijiji y alguna vez he hecho el ganso pero pobre miaaaaaaaaaaa jijiji
si es que los viajes en autobús son otra escuela de la vida que yo también los he hecho jiji
besazos
pobre mujer, que apuro, yo no podria haberme contenido la risa, incluso si me hubiera pasado a mi, hubiera sido la primera en partirme de risa