
Escenario: la cocina, Interprete: yo y el huevo, personajes secundarios: el grifo abierto con agua fría para las casi seguras quemaduras de aceite.
Os aseguro que sé hacer una sopa de marisco exquisita, una paella bastante decente o unas alubias a fuego lento bien hechitas, o al menos eso es lo que me han dicho y espero que no sea una mentira piadosa.
Pero un simple huevo frito me resulta complicado y jamás se me ocurriría hacer uno cuando estoy baja de moral, porque el huevo dichoso saldría hecho una plasta ya que absorbe mi mal humor.
Seguramente es que hago algo mal, me pongo en situación.
Enciendo el fuego y pongo la sartén con aceite, no demasiada, del lado izquierdo tengo los huevos y un plato, del derecho está preparado el grifo y también tengo un tubo de pasta de dientes para las quemaduras.
El aceite está caliente e intento cascar el huevo, un golpe, clack,… no se rompe, la cáscara está demasiado dura, ahora va el segundo, ¡ah!, se ha roto demasiado así que corriendo lo echo en la sartén que ya empieza a estar demasiado caliente para mi gusto, bueno esta vez he tenido suerte y no se espachurro en la sartén, la yema me mira como retándome, ¡a que me rompo! En estos momentos viene la parte fácil y el huevo se va haciendo casi el solito yo le ayudo con una cuchara.
Cuando está casi acabado una burbuja traicionera explota, gracias a que la he visto antes me ha dado tiempo a apartarme con una maniobra digna de Matrix.
En estos momentos es cuando me alegro de tener un buen día, pues es cuando me suelo poner histérica, cuando lo tengo que sacar de la sartén y nunca tengo la herramienta necesaria a mano, así que me armo de valor como en las películas americanas: “es tu hora, estás preparada para ello, llevas tiempo entrenándote, y lo vas a dar todo, la seguridad en ti misma es lo importante”, rápidamente con la cuchara y como si me fuera la vida en ello lo cojo, con la tensión flotando en el ambiente lo arrojo al plato como si el huevo pesara una tonelada y miro por el rabillo del ojo el grifo, esta vez ha habido suerte y todo salió bien, aunque es una de las pocas veces que no acabo con la mano bajo el agua fria.
Así que estoy casi segura que el que dijo aquello de “si no sabe hacer ni un huevo frito”, refiriéndose al que no sabe cocinar, se equivocaba. Los huevos fritos son un arma mortal para el que está desanimado.




1 usuario ha comentado en " Misión imposible: Freir un Huevo "
Síguelos comment rss o Deja un Trackback<--// Aquí puedes poner el código de tu anuncios de AdSense o de lo que creas conveniente. Para esto, solo debes modificar este texto en el archivo comments.php. \\-->
estoy contigo, lo de los huevos fritos es complicado, primero el aceite en su punto, porque sino se te quema y no hay quien moje pan. Que la sarten no se pegue, que sino te quedas sin huevo. Que el huevo no se rompa, vamos que es casi una tesis doctoral hacer un huevo. Deberia haber una titulacion, diplomada en hacer huevos fritos,jijiji