Estaba escuchando la radio, algo muy interesante, hablaba un científico, un chico bastante joven, alguien que estudia el funcionamiento de las células o algo así, no recuerdo exactamente lo que dijo, entre otras cosas porque no tengo su inteligencia, “solo soy una maruja”.
Me gusto su forma de hablar, clara, concisa, incluso yo entendí lo que contaba, la investigación que estaba realizando, los problemas de financiación y lo mal pagados que están estas eminencias, estas mentes privilegiadas, españoles que se nos van por la inutilidad de los políticos, en fin, no quiero desviarme de lo que quiero explicar.
Contaba las cosas con tal simplicidad, que era un verdadero gustazo escucharlo, se me hizo muy corta su entrevista.
En contraste con lo anterior, cuando volví a subir al coche, después de haberme dejado medio sueldo en comida, encendí la radio y una mujer hablaba de no sé que vestido que iba a lucir alguien en una gala. Y dijo tal cantidad de gilipolleces, que no se si hablaba de un cacho trapo que a algún diseñador aburrido se le ocurrió en diez minutos, o de la cura del cáncer.
“Es un traje sin pretensiones…”, decía, y no recuerdo más pues toda su forma de hablar, lenguaje excesivo, recargado, en mi cerebro solo quedo la sensación de lo absurdo, las dos imágenes, la del científico y la del vestido en el cuerpo de una ricachona, esta sí, con pretensiones, ¿pensáis que alguien que se gasta en un vestido la cantidad de dinero que ese hombre de la radio seguramente utilizaría mucho mejor, puede no pretender algo?, quizás esconder lo vacía que esta su vida.




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