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“Este año no voy de rebajas”, esta frase me la he dicho como cuarenta veces mirando al espejo, así en plan madrastra de Blancanieves, para creérmelo y todo.

Es que he visto la tele estos días y estoy aquí encogida, con un susto, que si tropecientos parados, que si esto no es nada lo peor está por venir, luego el machaque continuo con los niños de no se donde que no tienen de nada, y yo miro esa falda del escaparate y me salen el demonio y el ángel, esos de las series de humor, -¡compratela, que esta muy barata!, -Ni se te ocurra con eso podrían llevarles agua a…, y así todos los días, que el dueño de la tienda me mira ya raro y yo creo que la próxima vez que me vea llama a la poli.

Así que aquí estoy sin ir a ver ningún escaparate, vade retro Satanás, aparta de mi ese abrigo.

Hay una cosa que me tiene preocupada, porque todos los años me preparo, me hago unos kilómetros en plan maratón, que no creáis que tiene su merito, porque por donde yo puedo correr es un camino, que como te caigas parece que vienes de una pelea de chicas en el barro. Y todo para entrar corriendo al lado de las marías esas que salen en el telediario, eso tiene que estar grabado, porque la única loca que entra corriendo soy yo, que el de seguridad ya me ha parado unas cuantas veces.

“Pues he visto unos zapatos, y un bolso,” que no, que no, que este año no compro, que estamos en crisis, por eso los mamones de la agencia piensan que deben subirme el precio, que si el IPC(que no ha subido tanto como sus tarifas), será por el precio de la gasolina (que está más barata). He visto la carta, muy bien redactada, en todo amable y meloso, que encima parece que te están haciendo un favor , que casi me ha dado hasta alegría leerla, y he pensado: “que leches, me compro, la falda, el abrigo, los zapatos y el bolso, solo se vive una vez”