Esta mañana me he levantado con un sabor amargo, sé que es por algo que he soñado, aunque no lo recuerdo. Y de repente me han venido a la cabeza recuerdos guardados en mi mente para protegerme.

Tenia unos diez años y un grupo de amigos nos enfrentamos a un pederasta, su cara está borrada en mi mente, aunque creo que nunca le miré directamente, tenía miedo de mirarle y ver el diablo en sus ojos. Éramos todos unos niños, pero fuimos tremendamente valientes y unos locos.

Si, me acuerdo de varias visitas que hice en su casa, puede que parezca excitante en una película, pero en ese momento no lo fue, yo estaba sola, y aterrada, me quedé siempre cerca de la puerta, para poder salir corriendo, no podía dejar que le hicieran aquello a una amiga mía, tenía que salvarla, así que me inventaba cualquier juego, examen del colegio, lo que fuera con tal de hacerla salir de la casa de ese ser tan horrendo.

Pero no vayas a pensar que yo soy una heroína, no, todos los niños que nos reunimos una tarde nos volvimos adultos de repente, porque no hablamos de cuentos, o dibujos animados, hablábamos de hechos reales y espeluznantes. Aportábamos ideas, pensamos en darle todos nuestros ahorros y abandonara esa vida, pero con lo que juntamos no llegaría muy lejos. Así que se nos ocurrió otra que nos convenció más, le daríamos nuestras propinas, y todo le necesario para que no tuviera que venderse. Y así lo estuvimos haciendo por algún tiempo.

Anabel era una niña extranjera que llego al pueblo, tenía dos hermanos pequeños y había un tercero en camino. Era preciosa, sus ojos, su pelo, era delgada y delicada, un ángel triste al que le han roto las alas. Hablaba muy poco, con una voz dulce, por más que lo intento no recuerdo su voz, la única vez que tuvo una conversación con nosotras, fue cuando nos contó su gran secreto, hasta entonces, no hablaba más de cuatro palabras seguidas, ahora entiendo porque, su mundo era distinto al nuestro, oscuro y sombrío y nuestros problemas debían parecerle ridículos.

Ahora comprendo mi reacción ante lo que esta sucediendo en estos tiempos, cuando leo noticias tristes y decepcionantes sobre el maltrato hacia las mujeres. En pleno siglo veintiuno seguimos como en mi infancia y poco ha cambiado desde entonces. ¿Porque se empeñan en considerar a estos asesinos en violentos machistas?. Son malos, no son animales, los animales tienen corazón. No merecen protección, deben estar encerrados y no deberían tener beneficios penitenciarios, ¿por que han de ser más libres que sus victimas, a las que aíslan, encierran, ellas están solas y aterradas durante años en su cárcel particular, sin poder hablar.
Cada vez que sale una nueva víctima en los periódicos tiemblo y pienso otra Anabel… Cabrones.