_fenix.jpg

Ella siempre fue fuerte, muy fuerte. Pudo con todo, desde pequeña ya hacia el trabajo de un adulto, eso nunca fue un problema. Su marido sus hijos le echaban todo a la espalda, pero esa espalda solo tiene un tamaño, no se estira como la goma elástica.
Así que un día no pudo levantarse, su espalda era de plomo y no pudo con el peso.
El espejo de su habitación le devolvía su imagen, pero ya no era ella, sino una extraña, alguien mucho mayor.Nunca supo decir no y ahora puede que tuviera el cariño de su familia, pero no su respeto. Su mundo no podía vivir sin ella, eso pesaba aún más en la espalda y toco fondo, llego a los límites de la tristeza y desesperación.

Un día amaneció distinto, y ella resurgió, se miro al espejo y vio que debajo de esa mujer asomaba su semblante, se empezó a querer de nuevo. Lo primero que hizo fue dejar las medicinas, le dijo “no” a su marido, “no” a sus hijos, y sin sentirse mal por ello. Decidió que la vida es muy corta para perderse por caminos equivocados.

No iba a cometer los mismos errores, lo segundo que hizo fue reconocer que en todo ese tiempo de miedo nunca fue ella, sino su enfermedad la que hablo, rompería todo lo que hubiera que romper para ser feliz y se enfrentaría a los problemas con su corazón porque al fin y al cabo “ella siempre fue fuerte, muy fuerte”.