Me gusta lo natural, todo bicho viviente, perros, gatos, culebras, arañas,  ¿todos?,  todos menos las moscas.

Soy pacífica, aunque pueda parecer que me gusta dar guerra, casi siempre voy de buen rollo, y no odio a nadie; ¿a nadie?, si, si odio a las moscas.

Invaden tu casa, a la que abres la ventana, la puerta, allí están ellas, dentro de tu querido hogar, y digo yo: ¿me meto yo en su casa de mosca?, o aparezco, bruzzz, bruzzz, al lado de su oreja cuando duermen, aunque si pudiera entraría en su dormitorio, con un buen bombo: pom pom pom.

Ahora misma tengo una encima del monitor, y me mira, la muy…, casi que le oigo decir: ¡a que no me pillas cara de papilla!, me tienta y cojo mi raqueta fríe mosquitos, debe ser como la silla eléctrica de los insectos, casi me da pena, entonces posa en mi pierna sus patitas peludas.

Ya está juzgada y condenada: CULPABLE.  A la raqueta eléctrica.

Y lo peor de ellas es que tu matas una pero ya tiene detrás un ejército, entrenado y bien dispuesto a seguir su labor, Kamikazes a una muerte segura, pero antes te darán bien por saco. Especialistas en sacarte de quicio que sacarán lo peor de ti, hasta convertirte en asesino, de moscas, claro.