Por fin, se lo solté todo. Mis palabras salieron en cascada. Estaban contenidas en mi garganta durante años y salieron a borbotones. Llenas de rencor, amargas, que oprimían mi pecho como la lápida que esconde la muerte.

Le eche en cara algunas verdades y seguramente también mentiras. Su actual forma de ser, el cambio realizado en el, de un blanco brillante a un sombrío gris. Su total indiferencia hacia mi y, sobre todo su apatía.

Como de costumbre no admitió nada, no discutió, ni gasto mucha saliva en argumentos.

Yo seguía, y seguía, pasaban por mi cabeza todos los años vividos juntos y los comparaba con la oscuridad que me rodea hace un tiempo, e incluso admití mi gran parte de culpa, me deje llevar.

Ahora en la cama me arrepiento, porque se que lo amo, añoro sus caricias y sus besos, le he pedido el divorcio, y no deseo flaquear, cerca de el me muero de pena, pero no podemos vivir juntos, que difícil es esto cuando no hay salida.

Creo que para el fue demasiada información, no hubo respuesta.